Las fiestas de "los toros" en Cuéllar por M.R
Última actualización el Miércoles, 28 de Julio de 2010 13:01 Escrito por Administrator Sábado, 29 de Agosto de 2009 15:32
Una vez más, año tras año, los cuellaranos ansiosos esperamos la venida de “Los Toros”, nombre que orgullosos damos a nuestras fiestas y que indican la importancia del ganado bravo estos días. El tiempo aquí se mide de otra manera, las cosas no suceden en el mes de Marzo o en el de Septiembre, suceden antes o después de “Toros”, signo del fervor con el que se viven estas fiestas.
Generación tras generación la historia se repite, los momentos previos a las fiestas empapan la monotonía del resto del año, las calles se llenan de gente y los sonidos de dulzainas y tamboriles retumban en la Villa. ¡Ya huele a toro! -comentan algunos-, otros, tararean el “A por ellos”, y todos, nos emocionamos cada año al revivir el momento del Pregón. Desde la salida de la Virgen del Rosario de la Iglesia de Santo Tomé, hasta que el que el pregonero, alcalde, corregidora y damas, en el balcón del Ayuntamiento, con la Plaza Mayor a rebosar, dan salida a las fiestas con la rememorada frase… ¡¡Cuéllaranos a por elloooos!!... Emoción, alguna lágrima, un escalofrío recorre a los cuellaranos que abarrotan la plaza, las sensaciones son difíciles de describir. Impresiona oír al gentío estallar al unísono, cantar y bailar la tan esperada Jota Cuéllarana… “A por ellos, a por ellos, a por ellos que se van, unos están en la Vega y Otros en el quemadal…” Comienzan seis días de fiesta, diversión, las riñas y enfados quedan a parte, es momento de disfrutar. Pasado el momento cumbre de las fiestas, la Plaza Mayor se empieza a desalojar, pasando la fiesta a la ya tradicional bajada de la Calle San Pedro donde todos los jóvenes y no tan jóvenes gritan al unísono: ¡Agua, Agua, Agua!. Apretones, carreras, tapones, a pesar de ello todo son sonrisas, alegría y ganas de pasarlo bien. Desde los balcones, los vecinos obedecen las peticiones de la marabunta, con cubos, cazuelas y hasta mangueras, callan las calurosas y ensordecedoras voces.
Pero las emociones son más intensas a medida que se acerca el primer encierro. Los cuellaranos aman el toro bravo, cada uno de una manera, pero todos bajo el respeto que produce tan bello animal. Corredores, caballistas, público que llena los balcones y talanqueras, a todos les une un denominador común: el toro.
Todavía con el cansancio del día anterior, en torno a las 6.00 de la mañana, los caballistas comienzan a preparar sus monturas, rito ancestral que se repite cada año. ¿Vamos a “La Suelta”? se escucha por las calles. En torno a las 7.00 de la mañana el pueblo se despierta, los juerguistas de la noche se mezclan con los recién levantados y los sonidos de los cascos de los caballos golpeando sobre el asfalto amenizan la aburrida espera, ya queda menos… A las 7.30 de la mañana en los corrales del río Cega, a unos 5 km de la localidad, se acumula la multitud. Los más valientes esperan la salida de los toros a pie, otros escalan pinos para ponerse a resguardo o buscan refugio en el pinar, los caballistas calientan a los caballos. Nerviosismo, tensión, inquietud, ¿saldrá todo bien?... A las 8.00 se abren las puertas de los corrales, y con ellas aumenta la descarga de adrenalina de los asistentes, miedo, peligro y agitación. Los caballistas controlan la manada, silencio al paso de ésta, solo se escuchan las voces de los caballistas dirigiendo a mansos y toros bravos, sobre ellos recae la gran responsabilidad de controlar la manada hasta la entrada en las calles. Al término, la muchedumbre se divide, unos vuelven al pueblo, otros se apresuran para ver la conducción de los astados por el pinar, algunos van a coger sitio al embudo o ven el paso del ganado en los cerros colindantes. En las calles el peligro y la tensión se transforman en alegría y espera, el baile de la rueda y el aguardiente con el tradicional bollo amenizan la mañana. ¿Vendrán todos? ¿Serán puntuales?. El paso por “Las Máquinas” separa el pinar del campo, una de las estampas más bonitas del encierro, el paso se realiza bien, algún toro se intenta separar de sus hermanos pero los caballistas saben como volver a hermanarlos. Ya queda menos, después de un breve descanso y con la autovía de fondo, los toros tranquilos llegan al camino “Los Terreros”, no se esperan la ansiada acogida de la gente en las calles. Los caballistas, a la par que los toros, atentos a toda la manada, vigilantes y arropando el ganado, entran en la recta final, la bajada hacia el embudo. Poco a poco aprietan el paso, aquél corre más, hay que controlarle. La zona del embudo, una de las más concurridas de todo el recorrido está a rebosar, la gente se aprieta en los alrededores, la cuesta de Castilviejo está llena, todos siguen atentos la evolución del encierro, están a punto de pisar el asfalto, a la hora esperada, las 9.30. Gritos, tensión alegría ¡ya vienen! ¡ya vienen!, emoción, riesgo, pasión. Los caballistas dan paso a los toros, ellos, junto con los corredores son los protagonistas del tramo urbano. Los más valientes reciben a los astados en el embudo y en la Avenida Camilo José Cela. Más adelante, en los Paseos de San Francisco, los corredores calientan nerviosos, amagos de carreras y sustos son el tónico de la mañana. El encierro está ya en la Calle la Resina, van rápido, hermanados, buenas carreras. El movimiento se siente ya a la altura de Correos, comienza la subida de la Calle las Parras, ahí la manada se divide, dos astados, los más rápidos, se sitúan al frente de la manada, se ven carreras bonitas y algún que otro susto. Los balcones están llenos, no cabe un alma en las talanqueras. Corredores jóvenes y veteranos se unen para sentir la emoción del encierro. La espera ha merecido la pena, el ganado más separado llega a la larga recta de los Paseos de San Francisco. Los toros, cansados bajan el ritmo, alguno se acerca a las talanqueras desatando los gritos de algunos asistentes y emocionando al resto, los mozos tratan de que continúe su camino y unen sus esfuerzos para que siga hasta la Plaza de Toros, miedo, riesgo y alguna caída. Titubante reanuda su carrera llegando a la última curva, ya están todos. Las puertas se cierran, el primer encierro ha terminado.
M.R.




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